Madrugar un domingo, no es lo más gratificante que nos puede ocurrir durante un viaje de trabajo. Sin embargo este paseo por la Quebrada de Humahuaca, iniciado en la puerta del hotel a las 8 de la mañana, justificó ampliamente el presunto sacrificio. Por una ruta asfaltada y en muy buenas condiciones, iniciamos esta experiencia que, casi podríamos decir, se desarrolla en el "túnel del tiempo", tanto histórico como geológico. El eje de esta zona es la quebrada por la que corre el Río Grande, seco ahora y caudaloso en verano, encajonado entre cerros multicolores. Las casas parecen brotadas de la misma tierra, hechas de adobe, amasadas en tierra y paja. Poblados que fueron de gran importancia en la época colonial, se desarrollaron junto a asentamientos pre-hispánicos que aun parecen estar vivos, custodiando desde los "pucará" a las pinturas rupestres diseminadas por la zona y a los antiguos ritos y a los antiguos fantasmas.
Continuaríamos por la ruta siempre asfaltada, deslumbrados por lo visto, si no fuera porque los cerros que la bordean, ya no son multicolores, sino que ahora se han vestido de un intenso azul con ligeros matices verdes .
De cualquier manera, Purmamarca, con sus 339 habitantes permanentes, nos vuelve a sacudir con su imagen suspendida en el tiempo. Su Iglesia, consagrada a Santa Rosa de Lima, data de 1648 y está construida con muros de adobe y una peculiar carpintería de cardón. Fue consagrada Monumento Histórico Nacional. Su Feria Artesanal Permanente y el antiquísimo yacimiento arqueológico de Huachichocana, nos seducen para volver, pero con más tiempo.
Merced al sabio consejo de nuestro guía gracias César- dejamos a la Posta de Hornillos para visitarla de regreso y llegamos a Maimará, poblado con 1645 habitantes, alhajado con sus cerros que, ahora, ya renunciamos a describir. Aprovechamos para conseguir grabaciones de muy buena música, claramente autóctona, pero muy moderna. Nuevamente la ruta y nuevamente los cerros flanqueando el camino, aunque ahora han cambiado inexplicablemente la dirección de sus placas geológicas, como otro aporte de pretéritos tiempos, al misterio metafísico que nos envuelve.
El Pucará de Tilcara fue reconstruido parcialmente, luego de largos y pacientes estudios arqueológicos. En este fugaz recorrido, es imposible disfrutar de todo los encantos que generosamente ofrece Tilcara, pero no podemos dejar de mencionar a su Iglesia construida en 1797, ni a sus varios Museos o a la importantísima colección del Museo Arqueológico Dr. Eduardo Casanova de la Universidad de Buenos Aires.
Sin siquiera tomar mate, pese a estar "provistos" por haberlo "previsto", continuamos viaje urgidos por la "paradoja del tiempo", que, pese a parecer detenido entre los Siglos XV y XVI, se fugaba velozmente, amenazando sin piedad nuestra posibilidad de llegar a tiempo a "la salida del Santito" , en el mediodía humahuaqueño.
La Posta de Huacalera, el establecimiento colonial más antiguo, es mudo testigo del dramático momento en el que un ejército vencido y en retirada, decide descarnar el cuerpo de su amado jefe, el General Lavalle. Sería imperdonable pasar por Uquía, de 372 habitantes, sin mencionar siquiera que en su bella Iglesia del Siglo XVII, vamos a disfrutar de su altar mayor de estilo barroco, tallado a mano en madera y de la célebre pintura cuzqueña "Los Angeles Arcabuceros", representados con armamento colonial hispano.
Finalmente aceptamos el ofrecimiento de un muchachito que nos invitó a ir a la "casa del maestro", donde derrotamos a nuestra incipiente hambruna, merced a un suculento almuerzo con deliciosos platos regionales tales como empanadas jujeñas, humita en chala, tamales y locro. Fue curioso comprobar que el mesero resultó ser un verdadero maestro rural, que también se destaca como profesor de música, autor y ejecutante, además de escritor y poeta inteligente y sensible. Antes de emprender el retorno, una breve mirada sobre Humahuaca, con sus cerca de 6200 habitantes, nos muestra la fisonomía histórica de su edificación y de sus calles angostas y empedradas.
Con la extraña sensación que siempre nos acompaña en los regresos, volvemos por la misma ruta, pero esta vez pareciera que son los cerros, es la historia, la que nos observa a nosotros mientras desandamos el camino recorrido. Llegamos así a la Posta de Hornillos, parada obligatoria en la ruta que unía el Alto Peru con el Virreinato del Río de la Plata y lugar donde descansó el General Belgrano después de las victoria de Tucumán y Salta. También lo hicieron muchos otros próceres. Pero resulta claro que este viaje está hecho de sorpresas. El Museo,muy interesante por cierto, que ocupa la Posta en la actualidad, está atendido por un lugareño muy informado y cordial,que además es coplero. Se llama Mario Velázquez y nos regaló ésta:
El Sol dejaba la Quebrada y nosotros también. En el momento en que el guía (gracias de nuevo, César) me dejaba a las 20 horas en la puerta del hotel, me pareció estar saliendo del "túnel del tiempo". El equipo de fútbol lugareño, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, había perdido injustamente, claro- con Gimnasia y Esgrima de La Plata. ¡Menos mal que no jugaron por el nombre!...
Si desean pueden solicitar la música andina del
CD "Mensajero del Silencio" de "Altitud", conjunto formado por un
grupo de músicos originales de Argentina, Bolivia, Venezuela y Perú. |